A Leia nos la trajeron con la cabeza atrapada en un objeto de plástico donde se guardan las bolsas. El veterinario con ayuda de una colaboradora, cortaron el plástico y consiguieron liberarla. Estaba muy delgada y aunque al principio bufaba, enseguida se dio cuenta que algunos humanos son buenos. Se nos fue a una casa de acogida donde recuperarse. Pero al ser tan buena y llevarse tan bien con su otro gato, su casa de acogida la adoptó. Ahora es feliz.